Te veo a la orilla del camino real

entre lentos y vistosos pavorreales

y dorados frutos de la tierra,

escribiendo la historia de la aldea

donde tus huesos se forjaron entre la cal y el sueño.

Te miro allí, junto al río de la tarde violeta

con tu resplandor de mago nocturno,

tu perfil de poeta iracundo y telúrico,

el patio de la hacienda perdida entre la niebla

y el misterio,

la huella vegetal de tu padre, sembrador y andariego,

el paso de la vida entre los caminos rojos del atardecer,

la señal del relámpago

caído de tus manos como un escarabajo centelleante.

 

Vicente Gerbasi